Tus estilos
Hatha, vinyasa, ashtanga, yin, kundalini, aéreo. Con una línea de qué es cada uno, para quien no lo sabe.
Horarios por estilo y nivel, bonos de clases y una sala con plazas limitadas. Publica tu parrilla y deja que reserven su esterilla.
Gratis · Sin tarjeta · Sin permanencia · Publicada en minutos


No son dibujos: es la web de ejemplo de centros de yoga sirviéndose ahora mismo, y se cambia de diseño con un clic sin perder nada de lo escrito.
Hay quien lo busca como agenda online para centros de yoga, quien escribe «crear una web con reservas online» y quien busca «programa de citas»: aquí es lo mismo.
Vale igual si lo tuyo se llama estudio de yoga o centro de yoga: es el mismo software para estudio de yoga, con la misma agenda online para centro de yoga, y la web que se lleva es esta.
Todavía no hay opiniones de negocios de yoga en Agendra: mira las webs de otros clientes.
Eliges centros de yoga en la lista, el nombre de tu web y tu teléfono, y la web nace con lo que ofrece un negocio así —clase de prueba, clase suelta y bono de diez clases—, que cambias por lo tuyo desde el panel.
Treinta y cinco diseños y tu color, con tu web de yoga al lado mientras eliges. Al terminar ya está publicada.

Lo que decide a quien empieza es saber si va a poder seguir la clase. Nivel, estilo y horario, escritos claros, traen más alumnos que cualquier frase sobre el bienestar.
Hatha, vinyasa, ashtanga, yin, kundalini, aéreo. Con una línea de qué es cada uno, para quien no lo sabe.
Iniciación, general, avanzado. La duda de todo el que nunca ha ido es quedar en ridículo.
El cuadro de la semana, con profesor. Es lo que más se consulta de toda la web.
Clase suelta, bono de diez, cuota mensual. Con lo que cuesta cada una.
Gratis o a precio reducido. Es la puerta de entrada del sector.
En directo o grabado. Otro producto, con otra cuota, sin límite de aforo.
Fines de semana, formaciones, retiros. Es donde está el ticket alto del año.
Así es el panel de tu web de yoga, con la agenda llena.

Antes de mirar precios, la gente mira si hay clase a la hora que puede ir. Si no encuentra el horario, se va.
Hatha, vinyasa, yin, prenatal. Cada uno a su hora y con su nivel.
La sala tiene doce esterillas, no treinta. Controlarlo evita clases imposibles.
Gratuita o a precio reducido: es por donde entra casi todo el mundo.
Para el turista o el que prueba.
El formato más vendido, con caducidad explicada.
La cuota que sostiene el centro, con clases ilimitadas o limitadas.
Una sala de yoga tiene un número de esterillas, no un horario infinito. El software tiene que contar plazas, no solo horas.
Cada clase con sus plazas. Cuando se llenan, deja de ofrecerse, y no aparecen quince personas para doce esterillas.
Bono de diez, mensualidad o clase suelta. Cada uno con su precio, explicado en la web y no en la puerta.
Es la puerta de entrada de casi todos los alumnos. Que se reserve sola es lo que llena la sala.
Tus alumnos no siempre quieren llamar: hay quien lo decide de noche, o entre una cosa y otra, y reserva donde puede hacerlo en ese momento. Con las reservas online ven lo que queda libre y cogen su hora sin escribirte, y cada servicio ocupa el tiempo que de verdad dura.
Tu web responde a lo que escriben tus alumnos antes de elegir —«bono de clases de yoga», por ejemplo— y la reserva está a un toque. Al día siguiente de cada cita, un correo les pide su opinión, que es lo que más pesa para el siguiente.
Tus alumnos ven qué hueco queda para cada servicio y lo cogen sin escribirte. El WhatsApp se queda para quien de verdad tiene una duda, y te llega con el mensaje empezado.
La víspera sale un recordatorio por correo y por WhatsApp con botón para confirmar, cambiar o anular. Si anulan, el hueco vuelve a ofrecerse; si no contestan, lo ves en la cita y sabes a quién llamar.
Nadie escribe «página web» cuando necesita centros de yoga: escribe lo que le preocupa —el precio, si hay hueco hoy, la duda concreta—, y gana quien lo contesta mejor.
Tus alumnos eligen servicio, día y hora, y el hueco se bloquea solo en tu agenda.
Tu web publicada en yoga.agendra.digital, con tus servicios, tu horario y tus reservas, sin tarjeta, durante 6 meses o hasta tu primer cliente.
Tu web de yoga con tu propio dominio, en Google y con Agendra IA y marketing cada semana. Sin la IA, el Básico cuesta 35 €. Sin permanencia.
Si dudas entre esto, encargar una web de yoga a medida o quedarte solo en redes: lo que cuesta y lo que da cada opción.
Sí. Cada clase es un servicio con sus plazas y sus horas fijas en la semana: en la web se ve cuántas quedan y, cuando se llena, deja de ofrecerse. Cada alumno recibe su confirmación y el recordatorio de la víspera.
Sí, como producto con su precio. La caducidad y las condiciones las explicas en la descripción.
Sí, también para las clases de grupo. Cada clase lleva sus plazas y sus horas fijas en la semana —el lunes y el miércoles a las 19:00, por ejemplo—, y cada persona reserva su plaza desde tu web viendo cuántas quedan. Cuando se llena, deja de ofrecerse. Lo de uno en uno —la clase de prueba, una particular— se reserva en los huecos libres de tu horario, y a la hora de una clase no se ofrecen citas sueltas.
Sí, como servicio o producto a cero euros. Es lo que más altas genera en este sector.
Sí, el horario de la web muestra los turnos de cada día. Para una parrilla detallada por estilos, puedes crear una página propia con la tabla completa.
Sí, creando la clase online como producto o servicio y mandando el enlace al confirmar.
Sí, no es una cosa o la otra. Las apps de pases traen gente que va probando centros, con las condiciones de la app. Tu web es donde reserva quien ya te ha elegido: con tu horario y tus tarifas, por un precio fijo al mes y sin pagar por cada clase. Cuanta más gente llegue por tu web, menos dependes de la app.
Horarios por estilo y nivel, bonos de clases y una sala con plazas limitadas. Publica tu parrilla y deja que reserven su esterilla.
Gratis · Sin tarjeta · Sin permanencia · Publicada en minutos