Tu web es tu producto
Si la web ES el negocio —un portal, una marca que vive de su imagen—, eso se encarga y se paga.
Una agencia hace algo que una plataforma no puede hacer: sentarse contigo, entender tu negocio y construir exactamente lo que necesitas. Eso cuesta lo que cuesta el trabajo de varias personas durante semanas, y después hay que mantenerlo. Agendra es lo contrario: la web de tu oficio, hecha, publicada hoy y que cambias tú mismo. Ninguna de las dos es mejor; son cosas distintas.
Sin tarjeta · Sin permanencia · Plan gratuito sin límite de tiempo
Lo que de verdad se compra en una agencia no es la web: es el criterio. Alguien que mira tu negocio, decide qué hay que contar primero, escribe los textos, hace las fotos y monta una web que se parece a ti y a nadie más. Cuando el proyecto lo merece, eso no tiene sustituto.
Lo que pasa a menudo con un negocio pequeño es otra cosa: la web se entrega, se paga, y después queda congelada. Cambiar un precio o añadir un servicio supone escribir un correo y esperar. A los dos años, la web sigue diciendo lo que decía el día que se entregó.
Aquí el trato es distinto: el diseño ya está decidido, y a cambio los textos, las fotos, los precios y las páginas nuevas los tocas tú, desde el móvil, el día que haga falta.
Hay casos claros en los que no deberías estar aquí. Estos son los que vemos más:
Si la web ES el negocio —un portal, una marca que vive de su imagen—, eso se encarga y se paga.
Textos, fotos profesionales, logotipo, identidad. Una agencia lo hace; una plataforma no escribe por ti.
Tu ERP, tu programa de citas del hospital, tu sistema de facturación. Eso es desarrollo a medida.
Si lo que sobra es presupuesto y lo que falta es tiempo, delegarlo entero es razonable.
Subir la foto del trabajo de ayer, cambiar un precio, añadir un servicio. Sin escribir a nadie ni esperar.
Una web a medida con reservas y páginas por zona no baja de varios miles. Aquí hay un plan gratuito y uno de pago al mes.
No dentro de dos meses, cuando esté el diseño aprobado. La web se publica el mismo día.
Y eso no es malo: una cerrajería necesita lo mismo que otra cerrajería. Lo que os diferencia son vuestros textos y vuestras fotos, no dónde va el menú.
No son maquetas: son negocios abiertos, con su dominio y su teléfono. Ábrelos.
Cerrajería de urgencias con 54 pueblos de la campiña sevillana, cada uno con su página.
Ver el caso →Cerrajería de tres generaciones, con doce servicios y su propia sección de quiénes somos.
Ver el caso →Cerrajería del corredor del Henares con 89 municipios de la Comunidad de Madrid.
Ver el caso →El plan Prueba es gratis sin límite de tiempo y sin pedir tarjeta: tu web publicada en tunegocio.agendra.es, con tus servicios y tu formulario. El plan Profesional son 29 € al mes más IVA y añade tu propio dominio y que tu web vaya a Google. Sin comisión por reserva y sin extras que contratar aparte.
La estructura sí se parece, como se parecen todas las webs de fontanería del mundo. Lo que no se parece es el contenido: tus servicios, tus precios, tus fotos, tu forma de contarlo y las páginas de los pueblos donde trabajas. Además hay cuatro estéticas, colores, tipografías y el orden de las secciones.
Puede encargarse de los textos, las fotos, los colores y la estructura desde el panel, sí. Lo que no puede es tocar el código ni instalar nada.
Aquí viene hecha la parte que se puede automatizar: direcciones limpias, títulos, datos estructurados, sitemap, alta en Google y una página por cada servicio y cada municipio. Lo que no se automatiza —escribir bien y conseguir que te enlacen— sigue siendo trabajo, lo haga quien lo haga.
La web se monta sola con los datos del negocio. Si algo no encaja, se contesta por correo y se arregla.
Entonces una agencia tiene sentido y te llevas tu dominio. Mientras tanto, has estado online y recibiendo contactos en vez de esperando.
Tardas menos en tener tu web hecha que en leer un presupuesto. Y si no te convence, no has pagado nada.