6 de octubre de 2026

Páginas web mal hechas: los errores que espantan clientes

Los errores de diseño web que más clientes cuestan a un negocio pequeño, cómo detectarlos en diez minutos desde el móvil y cómo arreglar cada uno.

Cómo se nota una página web mal hecha

Una página web mal hecha no es la que es fea: es la que hace que el cliente se vaya sin llamar, sin reservar y sin pedir precio. Muchas webs bonitas fallan en eso y muchas sencillas lo hacen bien. Los errores de diseño web que más clientes cuestan casi nunca son de colores o de tipo de letra; son de información que falta, de pasos que sobran y de cosas que en el móvil no funcionan.

La forma de verlos es ponerte en el sitio del cliente. Abre tu web desde el móvil, con datos y no con el wifi de casa, e intenta hacer lo que haría él: saber si haces lo que necesita, cuánto cuesta y cómo contratarte. Cronométrate. Lo que te cueste a ti, que conoces el negocio, a él le cuesta más.

Errores de información: lo que el cliente busca y no encuentra

Muchas páginas web mal diseñadas fallan antes de llegar al diseño: les falta lo que el cliente necesita saber para decidir. Son los errores más fáciles de arreglar, porque no hace falta rediseñar nada, solo escribir lo que falta donde se busca:

  • Sin precio. Ni el precio, ni un precio desde, ni qué lo hace cambiar. Quien no lo ve supone que es caro o que tendrá que negociar, y pregunta al de al lado.
  • Sin teléfono a la vista. El número escondido al pie o solo en «Contacto», y sin que se pueda pulsar para llamar desde el móvil.
  • No se sabe dónde trabajas: ni la dirección, ni la zona que cubres, ni si vas a domicilio.
  • Un horario que no es el de verdad, o ninguno.
  • Una primera pantalla que no dice qué haces: «Soluciones integrales a tu medida» puede ser una gestoría o una empresa de reformas.
  • Ni una foto propia: solo imágenes de banco que el cliente ya ha visto en otras diez webs.

Errores de diseño web en el móvil: lenta, pequeña y con cosas que tapan

Casi todo el que busca un negocio cerca lo hace desde el móvil, y a menudo con prisa. Una web que en el ordenador se ve bien puede ser imposible de usar en una pantalla pequeña. Estos son los fallos que más se repiten:

  • Tarda en cargar porque las fotos pesan lo mismo que cuando salieron de la cámara.
  • Letra diminuta, botones pegados unos a otros y enlaces que no hay forma de pulsar con el dedo.
  • Ventanas que saltan nada más entrar —la suscripción, el chat, la oferta— y tapan lo que se venía a ver.
  • Textos o tablas que se salen de la pantalla y obligan a mover la página de lado.
  • Vídeos que se reproducen solos, con sonido.
  • Un menú con quince opciones que ocupa la pantalla entera.

Formularios eternos y otros pasos que sobran

Cada campo de más en un formulario es gente que lo deja a medias. Un formulario que pide nombre, apellidos, DNI, dirección completa, cómo nos conociste y un mensaje de cien caracteres como mínimo para preguntar un precio está pidiendo que no lo rellenen. Pide lo que necesitas para contestar bien —qué, dónde, para cuándo y cómo contactar— y nada más. Hay ejemplos de qué preguntar según el oficio en formulario de contacto.

Lo mismo pasa con los pasos: reservar no debería obligar a crearse una cuenta, y pedir presupuesto no debería llevar a una página que lleva a otra. Tampoco ayuda que el único camino sea el formulario: hay quien prefiere llamar o escribir por WhatsApp, y quien prefiere no hablar con nadie. Lo que funciona es ofrecer las dos cosas, a la vista.

Y un error que no se ve desde fuera: el formulario que funciona, pero cuyo aviso no le llega a nadie, o llega a un correo que nadie mira. Mándate una petición de prueba de vez en cuando y comprueba que te llega.

Textos de plantilla sin tocar

Las plantillas ahorran mucho trabajo, y no son el problema. El problema es publicarlas tal como vienen: el texto de relleno que se quedó en una sección, el «somos una empresa líder con años de experiencia» que podría firmar cualquiera, la foto de un equipo que no es el tuyo, el servicio de ejemplo que no ofreces o el teléfono inventado al pie de una página interior.

El cliente lo nota, y Google también: muchas webs con los mismos textos no tienen nada propio que enseñar. El repaso se hace en una hora: lee cada página entera, también las que crees que nadie visita, y pregúntate en cada frase si podría estar en la web de tu competencia. Si podría, cámbiala por algo que solo puedas decir tú: cuántos años llevas, dónde trabajas, cómo lo haces, qué incluye el precio. La lista de lo que sí debe estar, en qué debe tener la web de un negocio.

Consejos de diseño web que sí importan

Con la información en su sitio y el móvil resuelto, el diseño hace su parte. No hace falta saber de diseño para acertar en lo básico:

  • Un solo botón principal por pantalla, y que diga lo que hace: «Reservar cita» o «Pedir presupuesto», no «Enviar».
  • Letra grande y con contraste: el gris claro sobre blanco no se lee al sol.
  • Pocos colores, y el más llamativo reservado para el botón principal.
  • Fotos tuyas, de tu local, de tu equipo y de trabajos hechos, aunque no sean perfectas.
  • Opiniones de clientes reales, con su nombre, y nunca inventadas.
  • El mismo menú en todas las páginas, y direcciones que se entienden: /servicios, /precios, /contacto.
  • El aviso legal y la política de privacidad al pie, como pide la ley.

Revisa tu web en diez minutos

Si quieres saber hoy si tu web tiene alguno de estos errores, haz esto desde el móvil y apunta lo que falle:

  • Busca tu oficio y tu ciudad en Google y mira si sales; luego busca el nombre de tu negocio.
  • Entra en tu web y cuenta los segundos hasta que se ve algo útil.
  • Sin mover la pantalla, comprueba si se entiende qué haces y dónde.
  • Busca el precio de tu servicio más pedido y mira cuánto tardas en encontrarlo.
  • Pulsa el teléfono y comprueba que llama.
  • Rellena el formulario o haz una reserva de prueba, y mira si te llega el aviso.
  • Lee la página de inicio en voz alta y señala cada frase que podría ser de cualquiera.

Arreglarla o empezar de nuevo

Si fallan uno o dos puntos, arréglalos: es una tarde de trabajo. Si fallan casi todos, o no puedes cambiar un precio sin llamar a quien te la hizo, suele salir más a cuenta empezar de nuevo que remendar. Compara con calma: una web a medida tiene sentido si necesitas algo que no existe; para lo demás, una plantilla hecha para tu oficio que puedas tocar tú suele bastar.

Las webs de Agendra nacen con lo básico de esta lista puesto: los servicios con su precio, el teléfono y el WhatsApp a un toque en el móvil, la reserva o un formulario corto con las preguntas que tú decidas, y el aviso de cada contacto en tu móvil. Lo que no puede hacer por ti es lo de los textos: la web sale con los de tu oficio ya escritos, y para que sea tuya hay que cambiarlos por los tuyos. Mira cómo quedan en ejemplos de páginas web.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los errores más comunes en la web de un negocio pequeño?

No poner precios, esconder el teléfono, que cargue lenta o se vea mal en el móvil, formularios con demasiadas preguntas, no decir dónde trabajas y dejar textos o fotos de la plantilla sin cambiar.

¿Cómo sé si mi página web está mal hecha?

Ábrela desde el móvil, con datos, e intenta hacer lo que haría un cliente: entender qué haces y dónde, encontrar el precio, llamar y mandar el formulario. Si algo te cuesta a ti, que conoces el negocio, al cliente le cuesta más.

¿Es mejor arreglar mi web o hacer una nueva?

Si fallan uno o dos puntos, arréglalos. Si fallan casi todos o no puedes cambiar un precio sin depender de quien la hizo, suele compensar empezar de nuevo con algo que puedas tocar tú.

Ver ejemplos de páginas web →

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