La carta de desayunos
Cafés, tostadas, bollería, zumos y brunch, cada uno con su precio y sus alérgenos.
La carta de desayunos con sus precios y sus alérgenos, el horario de verdad y una mesa que se reserva para el brunch del sábado. Lo que mira quien busca dónde tomar café antes de salir de casa.
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No son dibujos: es la web de ejemplo de cafeterías sirviéndose ahora mismo, y se cambia de diseño con un clic sin perder nada de lo escrito.
Hay quien lo busca como agenda online para cafeterías, quien escribe «crear una web con reservas online» y quien busca «programa de citas»: aquí es lo mismo.
Vale igual si lo tuyo se llama cafetería, cafetería de especialidad, coffee shop, café o salón de té: es el mismo software para cafetería, con la misma agenda online para cafetería de especialidad, y la web que se lleva es esta.
Con su nombre y su web, para que lo compruebes.
«Queríamos una web limpia para mostrar los coches y que la gente nos contactara fácil. Agendra nos resolvió el problema sin complicaciones ni costes altos.»
Miguel Ángel GómezMAG Import CarsEliges cafeterías en la lista, el nombre de tu web y tu teléfono, y la web nace con lo que ofrece un negocio así —2 personas, 3 o 4 personas y grupo de 5 o más—, que cambias por lo tuyo desde el panel.
Siete diseños y tu color, con tu web de cafeterías al lado mientras eliges. Al terminar ya está publicada.

A una cafetería se va de camino a algún sitio. La web se mira en la calle, en el móvil y con prisa: carta, horario y dónde está, en ese orden.
Cafés, tostadas, bollería, zumos y brunch, cada uno con su precio y sus alérgenos.
Marcado en cada producto. Lo que decide si entra quien tiene una intolerancia.
A qué hora abres, hasta cuándo hay desayunos y qué días cierras.
De dónde viene, quién lo tuesta y cómo lo preparas, si es lo que os distingue.
Qué días se puede reservar mesa y para cuántos.
Café para llevar, bandejas para oficinas o tartas enteras, y cómo se piden.
Fotos de la barra, de la sala y de la terraza, y si se puede ir con perro.
Así es el panel de tu web de cafeterías, con la agenda llena.

Quien busca cafetería está a dos calles, con el móvil en la mano y poca paciencia. Si la web tarda en cargar o la carta es una foto de la pizarra, sigue andando.
Cafés, tostadas, bollería y zumos, cada uno con su precio. Escrita una línea por producto se lee en cualquier móvil y Google la entiende; la foto de la pizarra, no.
Las marcas de vegetariano, vegano y sin gluten van en cada producto, y la bebida vegetal en la descripción. Es lo primero que busca quien tiene una intolerancia.
A qué hora abres, si cierras a mediodía y hasta cuándo sirves desayunos. En una cafetería el horario es la mitad de la información.
Dirección, mapa y si hay terraza. Lo que se mira de camino, no sentado delante del ordenador.
Entre semana se entra sin reservar. El sábado a las once, con cola en la puerta, poder reservar desde el móvil es lo que hace que una familia de cinco no se vaya a otro sitio.
Eligen cuántos son y a qué hora. Tú dices cuántas mesas tienes de cada tamaño, y cuando se llenan esa hora deja de ofrecerse.
Las vacaciones y los días sueltos que cierras se marcan aparte: ese día no se ofrece, y el horario de la semana sigue como estaba.
La víspera sale un recordatorio por correo con botón para confirmar, cambiar o anular, y la mesa que se anula vuelve a ofrecerse.
La merienda de un cumpleaños o el desayuno de una oficina se reservan aparte, con una nota para que sepas qué preparar.
Hay cafeterías de barrio, de especialidad, con obrador o con libros. Lo que te diferencia es lo que hace que alguien cruce la ciudad por tu café, y en la web tiene que verse antes que el logo.
El tostador, el origen y cómo lo preparas. Quien busca café de especialidad lo lee entero.
Si la bollería o las tartas son vuestras, dilo y enséñalo: es la razón de muchos para volver.
Si preparáis café y bocadillos para llevar, o si se puede traer el vaso de casa. Lo pregunta quien pasa con prisa.
La barra, la luz de la mañana, la terraza. Fotos vuestras, que dicen más que las de un banco de imágenes.
Una cafetería no tiene tiempo para mantener una web: la carta cambia con la temporada y el horario con el verano. Por eso tiene que poder cambiarse desde el móvil, entre un café y otro.
Una línea por producto con su precio. Cambiar el precio del café o añadir la tostada de temporada es escribir una línea.
Cada reserva te llega como aviso al móvil y se ve en el panel con cuántos son y a qué hora. Las que te piden en la barra las apuntas en el mismo sitio.
Con tu dominio, la carta y el horario se enlazan desde la ficha de Google y desde Instagram, y quien busca dónde desayunar llega a tu web y no a un portal.
En una cafetería el teléfono suena en el peor momento: con cola en la barra y la cafetera a pleno rendimiento. Casi siempre es para preguntar si abrís el domingo, si hay algo sin gluten o si queda mesa para el brunch.
Horario, carta con precios y alérgenos, y si hay terraza. Lo que se pregunta por teléfono está en la web, y quien busca «cafetería con opciones sin gluten» lo encuentra escrito.
El sábado, quien quiere ir sobre seguro reserva desde el móvil, y la víspera recibe un recordatorio con botón para confirmar, cambiar o anular. La mesa que se anula vuelve a ofrecerse.
El desayuno de una oficina o la merienda de un cumpleaños se reservan con una nota de lo que necesitan, y para un grupo grande puedes pedir una señal por Bizum o transferencia desde la reserva.
Nadie escribe «página web» cuando necesita cafeterías: busca el precio, la urgencia o la duda que tenga en ese momento, y se lleva el cliente la web que lo contesta antes.
Tus clientes eligen 2 personas o grupo de 5 o más, día y hora, y el hueco se bloquea solo en tu agenda.
Tu web publicada en cafeterias.agendra.es, con tus mesas, tu horario y tus reservas, sin tarjeta y sin límite de tiempo.
Tu web de cafeterías con tu propio dominio y en Google. Sin permanencia.
Si dudas entre esto, encargar una web de cafeterías a medida o quedarte solo en redes: lo que cuesta y lo que da cada opción.
Sí. Se escribe una línea por producto —nombre, precio y descripción con sus alérgenos— y se agrupa por apartados: cafés, tostadas, bollería, zumos. Cada producto puede llevar las marcas de vegetariano, vegano o sin gluten, y la carta tiene su propia página, /carta, que es la que se comparte.
Para el brunch y los fines de semana, sí: es cuando hay cola y cuando una familia o un grupo prefiere ir sobre seguro. Entre semana casi todo el mundo entra sin reservar, y la web le sirve igual para mirar la carta, el horario y cómo llegar.
Para reservar mesa, sí: cada tamaño de mesa con cuántas tienes, y la agenda no da dos veces el mismo hueco. Las reservas que te hacen en persona o por teléfono se apuntan en la misma. No es un TPV: no cobra en la barra ni saca tickets; es la web, la carta y las reservas.
Con el recordatorio de la víspera, que deja confirmar o anular con un toque, y mirando en cada reserva quién ha confirmado. Para fechas señaladas o grupos grandes, una señal pedida por Bizum o transferencia desde la reserva. El cobro con tarjeta al reservar todavía no está.
Sí, si a mediodía das comidas: va en su propio apartado, con su precio y lo que incluye, aparte de la carta de desayunos. Si no lo tienes, se apaga y no sale.
Desde esta, no como tienda: la web de cafetería lleva carta y reservas, no cesta. Para encargos sueltos basta con ponerlos en la carta y que te escriban por WhatsApp. Si vendes producto con pedido online de verdad —café en grano, tartas enteras, bandejas para oficinas—, eso es una web de tienda, y las dos caben juntas en el plan Estudio.
Instagram enseña el ambiente y la ficha de Google la dirección y las reseñas, pero ninguna tiene la carta completa con precios ni deja reservar mesa sin escribir. Tu web junta lo que falta, se enlaza desde las dos y es tuya: no depende de que una red cambie cómo enseña tus publicaciones. Lo normal es tener las tres.
Sí, en la galería y junto a la carta. Las fotos se reducen solas al subirlas, así que la web sigue cargando rápido en el móvil aunque subas muchas. Mejor fotos vuestras, con la luz del local, que imágenes de catálogo que no se parecen a lo que servís.
Sí. Desde el panel enciendes un botón de WhatsApp con tu número, que sale en todas las páginas de tu web, y el mensaje te llega ya empezado, diciendo que te escriben desde tu web. Lo apagas cuando quieras.
La carta de desayunos con sus precios y sus alérgenos, el horario de verdad y una mesa que se reserva para el brunch del sábado. Lo que mira quien busca dónde tomar café antes de salir de casa.
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